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Watery Witnesses

—Una selección de los archivos de TBA21

Curated by Daniela Zyman y Soledad Gutiérrez

Sobre este programa

Courtney Desiree Morris, ‘Sopera de Yemayá’, 2020. Still de vídeo, cortesia de TBA21

 

El programa recoge una serie de trabajos procedentes de los archivos de TBA21, y presenta adquisiciones pasadas y encargos recientes.

Mario García Torres, The Way They Looked at Each Other, n.d. Producido por TBA21
Želimir Žilnik,
Soap in Danube Opera, 2006. Producido por TBA21
Allora & Calzadilla,
A Man Screaming is Not a Dancing Bear, 2008
Courtney Desiree Morris,
Sopera de Yemayá, 2020. Producido por TBA21
Patricia Domínguez,
La balada de las sirenas secas (The Ballad of the Dry Mermaids), 2020. Producido por TBA21
Himali Singh Soin con David Soin Tappeser,
Subcontinentment, 2020. Producido por TBA21

«El agua es vida. MníWičóni«, según coreaban los activistas del agua nativoamericanos en las protestas del oleoducto Dakota Access en Standing Rock, Dakota del Norte, en 2016. Cuando el agua es análoga a la vida, supera incluso a los derechos humanos. La protesta habla de la necesidad de agua potable y sanitaria, tal y como lo exigieron tanto la Asamblea General de las Naciones Unidas y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2010. Invoca una crisis de la asequibilidad del agua que azota al planeta entero y que se ve agravada por las normativas sanitarias impuestas por la pandemia en curso. Asimismo, apunta a la privatización de los derechos de aguas que se ha impuesto recientemente en Chile y a la contaminación de acuíferos con bacterias y plomo. Los nuevos contaminantes emergentes que viajan de manera invisible con el «agua dulce» son la materia vibrante inscrita en una historia de (des)industrialización, de despojo racializado, y los efectos de los «legados iliberales» del liberalismo racial. Estas problemáticas hacen que el «agua contemporánea» resulte políticamente legible a la vez que definen sus estructuras y las políticas fragmentadas y hegemónicas del «estado hídrico».

Y sin embargo, el acceso al agua como derecho humano, tan fundamental e indiscutible como lo es la necesidad de agua dulce, no engloba plenamente las amplias demandas ancestrales captadas de manera tan resumida en la frase «El agua es vida». Al reconceptualizar el agua más allá de los paradigmas utilitarios, los manifestantes de Standing Rock, entre muchos otros estudiosos y defensores del agua, abre todo un universo de relacionalidades e imaginarios del agua. Para ellos, el agua es, ante todo, la fuente de la vida y de la existencia continuada en el planeta. El agua viva circula en un ciclo hídrico atemporal. Fluye por los ríos, los cuerpos, los mares, cae bajo forma de lluvia y se congela formando hielo. Nos recuerda que todas las aguas del planeta están conectadas de alguna manera, y que el 97% de toda el agua está presente en los océanos. Las aguas son cuerpos comunicantes portadores de sabiduría ancestral y elemental, desde el océano a la lluvia y a su vez a las plantas, a las rocas, a los humanos. Pero el agua también es una entidad viva, un espíritu, una persona, un ánima. Como tal vive en un lugar y mantiene relaciones recíprocas tanto con humanos como no-humanos. Descomponer el agua en su composición química, o referirse a ella como un mero recurso entraña una «violencia ontológica» que despoja al agua de su esencia viva.

Esta selección de los amplios archivos de TBA21 se zambulle de pleno en la vitalidad del agua y de los imponentes ciclos hídricos que gobiernan a este planeta rico en agua. Abarca los últimos 15 años de producción artística y entrelaza varios relatos en los que el agua (bajo forma de ríos, hielo, agua potable y ancestral) no solamente queda restituida a partir de su materialidad mortal[1], sino que también es reconocida como una entidad que interactúa, contempla y sostiene mundos humanos. Estas obras rastrean la memoria material de los ríos frente a los riesgos ecológicos y el drama político. Cubren el traslado de los refugiados, principalmente gitanos, a principios de los años 2000 y su regreso a las orillas del Danubio, en Serbia, inundadas durante la crecida del 2006; el paisaje acuático del Mississippi tras el huracán Katrina y la devastación del noveno distrito de Nueva Orleans; y, por último, una reelaboración de un episodio forense relacionado con la invasión estadounidense de Irak mediante tres testigos acuáticos distintos. El Danubio, el Mississippi y el Tigris no son meros ambientes que enmarcan a la actividad humana o son instrumentalizados como un decorado, sino que están intrínsecamente ligados al destino, a la melodía y los imaginarios de las vidas humanas y animales. Los ríos y los acuíferos no solamente están implicados en una lucha por los elementos, como en varias regiones de Chile, donde la escasez de agua ha llevado a una crisis humanitaria y el desplazamiento forzado de poblaciones, sino que también aparecen como elementos sanadores, como fuentes de poder espiritual. Una conexión espiritual que une al ribereño a los océanos y a las capas de hielo de los polos, mediante la diosa Yemanyá, una serie de archivos de hielo ficticios, y meditaciones sobre el futurismo del sur de Asia.

[1] Mortal se refiere al opuesto de vivo, el agua vista como materia o como algo fuera de nuestro alcance.

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Mario García Torres, The Way They Looked at Each Other, n.d.
Instalación de vídeo monocanal (transferido desde película de 16 mm), color, sonido, 11 min 15 seg
Producido por Thyssen-Bornemisza Art Contemporary

«Cuando vuelves atrás, ¿adónde vas realmente?»

Utilizando la fotografía y el vídeo para meditar sobre la importancia del retraso y las im/posibilidades de regresar al pasado, The Way They Looked at Each Other analiza un presunto hecho criminal que se produjo en 2011, ocho años después de la invasión estadounidense de Irak en 2003. El vídeo gira en torno a una investigación forense llevada a cabo por un equipo español compuesto por el juez Santiago Pedraz, técnicos judiciales y algunos testigos en Bagdad. Su intención era de demostrar la culpabilidad de algunos soldados estadounidenses acusados de haber abatido a dos periodistas y herido a tres otros en los balcones del Hotel Palestine de Bagdad el 8 de agosto de 2003. Para ilustrar esta posición desde una «perspectiva menor», apela al imaginario material de los ríos. El vídeo navega desde el río Consulado en la ciudad de México, qué ha sido canalizado y cubierto con una autovía, trasladándose al Danubio en su paso por Budapest, Bratislava y Viena y, por último, se une al Tigris en su paso por Turquía, Siria e Irak. El río se convierte en una señal topográfica, pero también un testigo silencioso de los momentos históricos. Reflejando la multiplicidad, la continuidad y la corriente del río, el vídeo parece evocar el estado del acontecimiento (político). Puede que no acerque a los testigos tardíos al acontecimiento físico como tal, pero quizás les permita analizar intensidades y fuerzas residuales.

Želimir Žilnik, Soap in Danube Opera, 2006
Instalación de vídeo monocanal, color, sonido, 36 min 34 seg
Producido por Thyssen-Bornemisza Art Contemporary

«Me gustaba la idea de que el Danubio fuese el medio de comunicación y lugar de experiencia».

Con Soap in Danube Opera, el cineasta serbio Želimir Žilnik se dirige a su entorno inmediato, invitando a un grupo de jóvenes participantes de los asentamientos en las orillas del Danubio, entre Belgrado y Novi Sad, a aprender producción cinematográfica y edición mediante una serie de talleres. En una parodia del formato de los culebrones, los participantes cuentan historias, revelan las reglas no escritas de sus comunidades así como sus aspiraciones, temores y deseos. Esbozan un retrato de sus propias vidas e interacciones en torno al Danubio. Los aldeanos de Kovilj crían ganado en las islas del Danubio. Marko, dueño de diez caballos, unas veinte vacas y otros animales, es un buen amigo de Kamer, un gitano que le ayuda a vender el ganado en ferias locales. Željko, un joven criador de caballos, dirige a los aldeanos en el momento en el que tratan de salvar a su ganado de la gran inundación en la primavera de 2006. La vida y el trabajo junto al Danubio une a los gitanos y a los aldeanos, y en ocasiones les hace abandonar su poblado para buscar la felicidad en la otra orilla del río.

Allora & Calzadilla, A Man Screaming is Not a Dancing Bear, 2008
Instalación interactiva de vídeo monocanal, color, sonido, 70 min 54 seg

«Y sobre todo, cuerpo mío y alma mía, guardaos de adoptar la actitud estéril del espectador, porque la vida no es un espectáculo, porque un mar de dolores no es un proscenio, porque un hombre que grita no es un oso danzante…» –Aimé Césaire

A Man Screaming Is Not a Dancing Bear explora las problemáticas del testimonio ecológico y la justicia medioambiental en el marco del paisaje traumatizado de Nueva Orleans tras el huracán Katrina de Agosto de 2005. El vídeo se desplaza entre tres escenas diferentes, enlazándolas. Metraje del interior de una casa inundada en el Noveno Distrito Sur, el barrio predominantemente afroamericano que se vio gravemente afectado por el fallo del sistema de diques, alterna con planos de los exuberantes manglares del bajo delta del río Mississippi en el que se hizo hueco la ciudad de Nueva Orleans. Los evocadores paisajes acuáticos quedan interrumpidos por los ritmos percusivos interpretados por el músico Isaiah McCormick sobre un juego de persianas, fuera de la ventana de la casa destrozada. El repicar rítmico de este instrumento casero recuerda sutilmente al gran legado musical de la región del Mississippi a la vez que expone al interior doméstico a la luz exterior en un revoloteo constante de luminosidad evocador de los sedimentos y rastros acuáticos de los acontecimientos históricos recientes.

Courtney Desiree Morris, Sopera de Yemayá, 2020
Instalación de vídeo monocanal, color, sonido, 7 min 31 seg
Producido por Thyssen-Bornemisza Art Contemporary

Sopera de Yemayá es un cortometraje experimental por Courtney Desiree Morris, una antropóloga social y artista conceptual radicada en California. Explora la relación entre el cuerpo femenino africano, la naturaleza y lo divino. Guiada por la idea de que lo sagrado está presente en todas partes, incluso en los espacios y prácticas más mundanos de la vida cotidiana, la artista explora las experiencias de las antepasadas y ancianas cuya historia está a menudo ausente de la narración histórica y de las historias familiares. El vídeo parte del folclore de Yemayá, una divinidad que hunde sus raíces en la religión yoruba y que a menudo es representada como una sirena. Los relatos sobre Yemayá fueron traídos a Brasil, Cuba, Haití y EEUU por esclavos africanos desde el siglo XVI. El vídeo pone el enfoque en la orisha Yemayá, la divinidad yoruba que reina sobre los océanos de la tierra y la maternidad. «Utilizando mi propio cuerpo grávido como receptáculo, llevo a cabo siete rituales – en lugares que van desde mi propio cuarto de baño y cocina a los ríos y el océano – para representar las múltiples facetas de la energía divina de Yemayá y los lugares naturales en los que habita».

Patricia Domínguez, La balada de las sirenas secas (The Ballad of the Dry Mermaids), 2020
Instalación de vídeo monocanal, color, sonido, 35 min 24 seg

«El agua fluye por todos nosotros. Nuestros cuerpos le pertenecen».

Combinando investigación experimental sobre etnobotánica, prácticas curativas y bienestar, el arte de Patricia Domínguez se centra en las relaciones entre especies vivas en un cosmos cada vez más separado. Su práctica está ligada directamente a su activismo, y entiende al arte como un campo de posibilidades que puede perturbar relatos políticos existentes, cuestionar interpretaciones, y proponer nuevas formas de enfrentarse a problemas. Originalmente editada en st_age bajo la forma de la publicación interactiva Gaiaguardianxs (2020), esta obra es el resultado de tres años de un trayecto personal de investigación centrada en conflictos en torno al agua en Latinoamérica. El vídeo La balada de las sirenas secas trata de la privatización del agua en Chile y de cómo el agua dulce se ha desviado para regar grandes plantaciones empresariales de aguacates en la región de Petorca. Desde los años noventa, Chile ha padecido de la apropiación del agua por la industria agrícola con la complicidad de los políticos. Mucha gente carece de agua potable y sanitaria, y esta situación se ha visto exacerbada por la pandemia Covid-19. Esta obra es el resultado de una colaboración con Las viudas del agua, un grupo de mujeres que dedican sus vidas a luchar por el acceso a los recursos acuáticos en sus comunidades.

Himali Singh Soin y David Soin Tappeser, Subcontinentment, 2020
Pieza sonora, 10 mins 22 seg
Producida por Thyssen-Bornemisya Art Contemporary

«Cuando, por fin, viajé a las antípodas, no eran espacios, sino lugares de pérdida que debemos escribir rápidamente para preservarlos de alguna manera».

Subcontinentment forma parte de una serie de obras interconectadas por Himali Singh Soin que incluyen mitologías ficticias de los polos contadas desde la perspectiva no-humana de un anciano que ha presenciado la profundidad del tiempo: el hielo. Plantea una metafísica en la que el ser humano queda humillado mientras otras voces ajenas tienen la palabra. Realizada como un paisaje acústico experimental en colaboración con el músico David Soin Tappeser, la obra surge del almanaque we are opposite like that, una obra publicada recientemente que reflexiona sobre la alienación y la intimidad, la pérdida ecológica y la pérdida del hogar, e investiga la geografía y el imaginario de las regiones polares a través de una serie de documentos oníricos, cartas de amor, poemas y vaticinios.

Himali Singh Soin: «Subcontinentment es un manifiesto que surge de mi trabajo de campo en los círculos polares, donde me vi confrontada a lo ajeno de mi cuerpo marrón en un paisaje que suele utilizarse para experimentos de simulación del espacio exterior. Como parte de una serie de archivos de hielo ficticios y de reflexiones sobre el futurismo en el sur de Asia, esta obra, rebautizada subcontinentment, es una anticrónica de los vínculos geopoéticos entre los polos y el subcontinente. Al transformar al texto en un paisaje sonoro, David y yo empezamos a encontrar correspondencias y puntos de encuentro entre mis grabaciones polares y el entorno acústico hiperdesnudo de Delhi bajo el confinamiento. El graznar de los cuervos, interferencias en el éter de la ciudad polífona, se mezcla con el chillido de los págalos, los únicos recordatorios de la vida en el extenso vacío del continente “blanco”».

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